Qué pedir, dónde y cuánto cuesta. Una guía sin rodeos para no acabar comiendo pizza en el centro histórico.
Bucarest se come barato y en cantidades generosas. Un plato principal tradicional cuesta entre 40 y 60 lei (8–12 €) y una comida completa con bebida rara vez pasa de 20 € por persona. Se paga con tarjeta en casi todas partes, y la propina habitual ronda el 10%.
El error clásico del viajero es quedarse en el Centro Histórico (Lipscani). Es bonito para pasear, pero concentra los precios más altos y la comida más previsible de la ciudad. Un barrio residencial cualquiera, a quince minutos, sirve mejor comida rumana por la mitad de precio.
Una ciorbă — sopa agria. Si es tu primera, la rădăuțeană de pollo, con nata y ajo, es la más suave. La de burtă, de callos, es la más famosa, pero también la más contundente.
Como entrante frío, la zacuscă (paté de verduras asadas) o la salată de vinete (ensalada de berenjena ahumada), ambas con pan tostado.
Sarmale con polenta si quieres el plato emblemático. Mici con mostaza y cerveza si prefieres algo informal. Tochitură — guiso de cerdo con polenta, queso y huevo frito — si tienes hambre de verdad.
Papanași. Sin discusión posible. Buñuelos de requesón calientes con nata agria y mermelada de guinda. Suelen tardar 20–30 minutos porque se hacen al momento; pídelos junto con el principal.
Si tuvieras que resumir la cocina del país en una lista, sería más o menos esta. Están ordenados por lo probable que es encontrarlos en cualquier carta.
La sopa agria que los rumanos comen todo el año, incluso con cuarenta grados fuera. Lleva borș — un fermento de salvado de trigo — o zumo de chucrut, y se sirve con nata agria, guindilla entera y pan. La de burtă (callos) es la más célebre; la rădăuțeană (pollo, ajo, nata) la más suave para empezar.
Rollitos de col fermentada rellenos de carne picada y arroz, cocinados horas a fuego lento. El plato de todas las fiestas del país. Se sirven con polenta y nata agria, normalmente cuatro o cinco por ración. En verano se hacen con hoja de parra.
Rollitos de carne picada especiada, sin tripa, a la parrilla. Se piden por unidad y se comen con mostaza, pan blanco y cerveza. No es comida de restaurante elegante: es comida de terraza, de parque, de mercado. Y probablemente lo que más echan de menos los rumanos cuando viven fuera.
Harina de maíz cocida, como la polenta italiana pero omnipresente. Sustituye al pan en la mayoría de los platos tradicionales. Sola es neutra; su gracia está en lo que la acompaña — queso de oveja, nata, un huevo frito. Horneada con queso dentro se llama bulz.
Guiso de cerdo con salchicha, servido sobre polenta y rematado con queso rallado y huevo frito. Es la definición rumana de plato contundente. Si vas a pedir uno solo y tienes hambre de verdad, este.
Literalmente «la limosna del cerdo»: trozos de cerdo recién frito que tradicionalmente se comparten el día de la matanza, en diciembre. Se sirve con polenta y ajo. Es tan de temporada en origen que encontrarlo en carta todo el año es una concesión moderna.
La fasole bătută es un paté de alubias blancas con cebolla frita por encima, que se come frío con pan. La iahnie de fasole es el guiso caliente, a menudo con codillo ahumado. Ambas son platos de ayuno en su versión sin carne, y de las cosas más baratas y sabrosas de cualquier carta.
La salată de vinete es berenjena asada al fuego, picada y montada con aceite y cebolla. La zacuscă es su prima de pimiento y berenjena, más espesa y dulce. La salată de icre es una crema de huevas de pescado parecida al taramasalata griego. Los tres se comen untados en pan tostado, y los tres son buena idea para compartir mientras llega el principal.
El postre que todo el mundo fotografía: dos buñuelos de requesón fritos, calientes, con nata agria y mermelada de guinda encima. Se hacen al momento, así que tardan 20–30 minutos — pídelos con el principal si no quieres esperar al final.
El cozonac es el brioche de Navidad y Pascua, con nueces o cacao. La țuică y la pălincă son aguardientes de ciruela que se toman antes de comer, no después — un detalle que sorprende a casi todos los visitantes. Y el vino rumano merece atención: hay variedades autóctonas como la Fetească Neagră que no se encuentran fuera del país y que están a un precio ridículo comparado con España.
Busca restaurantes fuera del centro, en barrios como el Sector 2 (zona Obor, Lacul Tei) o Cotroceni. Señal buena: carta corta, clientela local, platos que tardan.
El mercado de Obor y sus alrededores son el punto cero de los mici en Bucarest. Ambiente ruidoso, precios de barrio, cola en la parrilla. Es una experiencia en sí misma.
Bucarest tiene una escena gastronómica moderna en crecimiento, sobre todo en la zona de Dorobanți y Primăverii, con cocina rumana reinterpretada y vinos locales.
La cocina rumana usa mucho cerdo, pero hay alternativas de sobra: pollo, ternera, cordero y pescado ocupan secciones enteras de cualquier carta. Conviene preguntar por los platos de carne picada — sarmale, mici, albóndigas — porque suelen llevar mezcla de cerdo y ternera. En nuestro menú online hay un filtro «Sin cerdo» que resuelve la duda de un vistazo.
Pregunta por los platos de post (de vigilia). La tradición ortodoxa impone largos periodos de ayuno sin productos animales, así que existe toda una categoría de cocina tradicional vegana: sarmale de vigilia, ciorbă de verduras, zacuscă, alubias guisadas.
Más complicado, pero la mămăligă (polenta de maíz) sustituye al pan en muchos platos y es naturalmente sin gluten. Las carnes a la parrilla y las ensaladas son opciones seguras.
Se come temprano comparado con España: la comida principal es entre las 13:00 y las 15:00, y la cena empieza sobre las 19:00. A las 22:00 muchas cocinas ya están cerrando.
Las raciones son grandes. Pedir entrante, principal y postre por persona suele ser demasiado; es normal compartir los entrantes.
El agua no viene por defecto ni es gratis: se pide embotellada, con o sin gas. Y el aguardiente (țuică) se toma antes de comer, no después.
Restaurant Ceaun sirve cocina tradicional en la zona de Lacul Tei, cerca del mercado de Obor. Carta en español, con explicación de cada plato tradicional, y filtros para sin cerdo, vegano y picante.
Sarmale, mici y papanași. Con esos tres platos te llevas una idea bastante completa de la cocina rumana.
No. Un plato principal ronda los 8–12 € y una comida completa con bebida suele quedar por debajo de los 20 € por persona.
Inglés, bastante, sobre todo con personal joven y en el centro. Español, poco. Muchos restaurantes tienen carta en inglés; la nuestra está también en español.
Alrededor del 10% si el servicio ha sido bueno. No suele estar incluida en la cuenta.
Para tomar algo, sí. Para comer bien y barato, no: los precios son más altos y la comida más orientada al turista. Alejarse unas calles cambia mucho la relación calidad-precio.
Entre las 19:00 y las 21:00. Bastante más temprano que en España, y muchas cocinas cierran hacia las 22:00 o 22:30.